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Undying Vigor (Novela)

Undying Vigor (Novela) – Capítulo 17

El ambiente en la oscura taberna del Distrito de las Tejas Rojas se había vuelto una auténtica mesa de guerra.

Caleb, usando migas de pan y vasos de agua, estaba trazando un mapa improvisado sobre la madera. Su actitud asustadiza había sido reemplazada por una intensa concentración "táctica" que sus amigos no terminaban de comprender.

—Si vamos a cazarla en las alcantarillas, tenemos que aplicar la estrategia básica de las redadas de mi mundo —explicaba Caleb, moviendo un trozo de pan—. Aziel, como eres el "tanque" inmortal, tienes que ir al frente y generar aggro. Es decir, provocarla para que solo te ataque a ti. Seraphina se queda en la retaguardia cargando su ataque de fuego devastador, y Kira usa su visión para evitar emboscadas. Podríamos usar harina en el suelo para ver sus pisadas invisibles o tenderle una trampa con un pozo ciego.

Aziel se frotó la barbilla, considerando genuinamente las locas ideas del chico. —Atraer su atención no será problema. Me odia. Pero lo de la harina en el suelo para contrarrestar su camuflaje es sorprendentemente brillante, Caleb.

—¡Claro que sí! ¡Son años de experiencia en videojuegos aplicados a la vida re…!

¡ZZZZT!

Kira dejó caer su vaso de agua. Llevó una mano a su frente, cerrando un ojo mientras un dolor agudo y repentino le perforaba la mente. No hubo visiones de sangre ni de masacres. El mundo a su alrededor simplemente se sumió en un silencio sepulcral por una fracción de segundo, y esa voz etérea, fría de la autoridad de Raziel, le susurró directamente al alma:

«Hay más mundos».

—¡Kira! ¿Qué pasó? —preguntó Seraphina, acercándose de inmediato—. ¿Volviste a ver a la chica de naranja?

Caleb se asomó por encima de la mesa, expectante. —¿Qué viste? ¿Descubriste su debilidad o su escondite secreto?

Kira parpadeó varias veces, disipando la punzada. Miró fijamente a Caleb por unos segundos prolongados, analizándolo de arriba abajo de una forma que puso al chico de los rizos muy nervioso.

—No… no fue nada de eso —respondió Kira, recuperando su compostura y apartando la mirada—. No era información necesaria para la misión. Solo una secuela del cansancio.

Pero en sus pensamientos internos, la mente de Kira trabajaba a mil por hora. «Caleb siempre habla de 'su mundo', de juegos, de redes sociales y pantallas… Siempre creí que simplemente estaba loco o que hablaba en metáforas. Pero la bendición de los Secretos me lo acaba de confirmar. Hay más mundos. Y él realmente viene de uno de ellos».

La revelación la dejó atónita, pero decidió guardar ese secreto para ella misma por el momento. Ya tenían suficientes problemas con la asesina del Qliphoth.

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A media tarde, el grupo llegó de nuevo a la Casa del Equilibrio.

Fueron recibidos rápidamente por los Jueces Silas y Elara en el salón de audiencias. Aziel y Seraphina rindieron su informe detallado de lo ocurrido en el callejón: el ataque de los hombres controlados por la ira, las garras oscuras del Qliphoth que salieron del suelo, la resurrección de Aziel, el despertar del fuego de Seraphina y la huida de la asesina por los ductos de las alcantarillas.

Elara escuchaba con el rostro pálido. —Si está usando las sombras para invocar garras directamente del Qliphoth, su corrupción ha llegado a un nivel crítico. Y si huyó a las alcantarillas, está acorralada.

Silas se puso en pie con expresión marcial. —Movilizaremos a las tropas de élite de inmediato. Bloquearemos todas las salidas principales y las rejas de desagüe del perímetro de la ciudad. Lys no saldrá a la superficie sin que lo sepamos. Mientras nosotros lideramos el cerco exterior, necesito que ustedes bajen y sigan su rastro. Pero no irán solos.

Las puertas del salón se abrieron.

Un joven estudiante entró con paso firme. Era alto, de complexión atlética y elegante. Su cabello era de un rubio brillante y pulcro, y sus ojos eran de un azul profundo y sereno, como el cielo despejado. Llevaba una espada de empuñadura plateada en la cintura y el uniforme blanco y verde de la Casa del Equilibrio.

Caleb, al verlo entrar, dejó caer los hombros y soltó un bufido de frustración.

—¿Es en serio? —se quejó Caleb en voz baja, cruzándose de brazos—. ¿Ahora resulta que se nos une el arquetipo del "niño bueno" y perfecto? ¡Solo le falta brillar en la oscuridad!

¡Paff! ¡Paff!

Seraphina y Kira le dieron un codazo simultáneo en las costillas, fulminándolo con la mirada para que se callara.

El joven rubio hizo una inclinación respetuosa ante sus padres y luego hacia el grupo.

—Es un placer. Mi nombre es Elian, aprendiz avanzado de la Casa del Equilibrio —se presentó con una voz calmada y cortés—. Mis padres me informaron de sus valientes hazañas. Estaré a su entera disposición para cazar a la infiltrada en los túneles.

Tras cruzar información y asegurar la estrategia táctica, los Jueces despidieron a los cinco jóvenes, dándoles autorización total para adentrarse en la red subterránea mientras ellos sellaban la ciudad.

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El grupo caminaba por las calles adoquinadas hacia la entrada principal del acueducto del sur. La tensión de la misión no impidió que comenzaran a conocer las capacidades de su nuevo integrante para sincronizar sus ataques.

—Entonces… —comenzó Aziel, caminando junto al joven rubio—. Yo me especializo en combate cuerpo a cuerpo y resistencia. Seraphina posee ataques devastadores de fuego, y Kira es nuestra estratega y soporte de visión. ¿Cuál es tu especialidad, Elian?

Elian sonrió con humildad y, sin detener el paso, levantó una mano.

¡Fwoosh…!

Una brisa sutil se arremolinó alrededor de sus dedos. En cuestión de segundos, el aire se comprimió a una presión tan alta que formó la hoja de una daga translúcida, afilada y letal, flotando sobre su palma, antes de disiparla con un chasquido.

—Puedo manipular las corrientes de viento y el aire sutil —explicó Elian—. Sirve para rastrear el movimiento en lugares cerrados, acelerar nuestros movimientos, o, como acaban de ver, forjar armas de viento presurizado que pueden cortar el acero.

Al escuchar esto, Caleb se detuvo en seco, tirándose del cabello castaño con desesperación.

—¡Esto es injusto! —gritó Caleb, mirando al cielo con indignación—. ¡El tanque es inmortal! ¡La curandera lanza bolas de fuego! ¡El chico nuevo es un maestro del viento! ¡¿Por qué soy el único que no tiene habilidades rotas?! ¡Se supone que este es un isekai! ¡El protagonista transferido de otro mundo siempre despierta un poder oculto a estas alturas de la historia!

Aziel, Seraphina y Kira estallaron en risas al ver la pataleta infantil del chico de los rizos.

Elian parpadeó, completamente desconcertado por el extraño vocabulario de Caleb. —Eh… ¿qué es un isekai? ¿Se encuentra bien?

—No le hagas mucho caso, Elian —dijo Seraphina, secándose una lágrima de la risa—. Caleb tiende a decir este tipo de cosas raras siempre. Vive en su propio mundo de fantasía.

—O de novelas de criminología —añadió Aziel, negando con la cabeza con una sonrisa cómplice.

Elian los miró y soltó una carcajada sincera. —Vaya. Los Jueces me dijeron que eran un escuadrón formidable y letal… la verdad no esperaba que fueran un grupo tan divertido y ruidoso.

Caleb se acercó a Elian, poniéndole una mano en el hombro con demasiada confianza y mirándolo con extrema seriedad.

—Escucha, rubiecito, te daré las reglas de supervivencia de este grupo para que no mueras en el intento —le advirtió Caleb en tono confidencial—. Regla número uno: Seraphina es la mujer de Aziel. Es territorio reclamado, así que ni la mires mucho o el tanque inmortal te arrancará la cabeza.

¡Fush!

Seraphina se tapó la cara, roja como un tomate, y Aziel tosió fuertemente, mirando hacia otra parte, pero ninguno de los dos lo negó.

—Y regla número dos —continuó Caleb, señalando a la chica de bronce—. Mejor no te metas con Kira, no le mientas y no la hagas enojar… porque esa chica es espeluznante y sabrá todos tus oscuros secretos y fetiches antes de que puedas pestañear.

Antes de que Caleb pudiera agregar otra regla absurda, Kira apareció detrás de él. Agarró a Caleb de sus rizos castaños y tiró de ellos hacia atrás con fuerza, obligándolo a caminar de puntillas mientras él soltaba quejidos de dolor.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué eso sería un problema, idiota? —siseó Kira con una sonrisa peligrosamente dulce—. A menos que tengas secretos muy sucios que quieras ocultar, ¿verdad, Caleb?

—¡Ay, ay, ay! ¡Perdón, perdón, soporte de visión! ¡Suéltame el cabello! —lloriqueó el chico.

El grupo descendió las escaleras de piedra hacia la oscuridad de las alcantarillas, con el sonido de las risas y las quejas resonando en los túneles, listos para cazar a la sombra que los esperaba en el abismo.

¡Plash, plash…!

El eco de los pasos sobre los charcos de agua estancada resonaba en los oscuros y claustrofóbicos túneles de las alcantarillas. La luz que entraba por las rejillas superiores apenas iluminaba el musgo y la humedad de las paredes de ladrillo.

Kira se tapó la nariz y la boca con la manga de su capa, frunciendo el ceño con profunda repugnancia. —Por todos los ángeles… este lugar huele a muerte y putrefacción. Es asqueroso.

Seraphina hizo lo mismo, arrugando la nariz con una mueca de asco mientras intentaba no pisar los charcos más turbios. —Siento que el olor se me va a quedar pegado en el cabello por semanas… ¡Ugh!

Aziel caminaba al frente de la formación, abriendo el paso. Aún tenía una sonrisa en el rostro por las tonterías que Caleb venía diciendo sobre "estadísticas de equipo" y "puntos de experiencia". El ambiente relajado lo había hecho bajar la guardia por un fatídico segundo.

Entre las sombras del techo abovedado, una masa oscura y humanoide se desprendió. No hizo ningún ruido. Se movió con una velocidad absurda, cortando el aire como un misil directamente hacia el chico de cabello castaño que iba distraído.

¡¡SQUELCH!!

El sonido de carne siendo perforada congeló las risas de todos.

La sombra humanoide atravesó el pecho de Aziel desde la espalda con un brazo afilado como una lanza de obsidiana. La mano negra salió por la parte frontal del torso del chico… sosteniendo su corazón latiendo.

Con un tirón brutal, la sombra arrancó el órgano. La sangre salpicó las paredes de ladrillo y el agua sucia. Aziel escupió un torrente de sangre, sus ojos se pusieron en blanco y su cuerpo cayó pesadamente de rodillas antes de desplomarse en el agua con un chapoteo sordo.

—¡¡AZIEL!! —el grito de Seraphina desgarró la oscuridad del túnel.

Elian, que iba un par de pasos atrás, reaccionó con los reflejos entrenados de un guerrero de élite. Sin emitir un solo sonido, desenvainó su espada de empuñadura plateada.

¡Swoosh!

Una ráfaga de viento hipercomprimido envolvió la hoja. Elian trazó un arco horizontal perfecto a una velocidad cegadora, cortando a la sombra humanoide limpiamente en dos mitades antes de que pudiera retroceder.

Pero la criatura no se disipó. Aprovechando el corte limpio, la masa oscura hirvió y se retorció. En cuestión de un segundo, las dos mitades se regeneraron, transformándose en dos criaturas humanoides más pequeñas y rápidas que se prepararon para saltar hacia Elian.

No tuvieron la oportunidad.

Seraphina extendió ambas manos hacia el frente. Sus ojos dorados se encendieron con un brillo letal y su cabello pareció ondear con calor.

¡¡FWOOOOSH!!

Un torrente de llamas blanco-anaranjadas salió disparado de sus palmas, iluminando todo el túnel como si fuera de día. El fuego devoró a las dos criaturas de sombra de inmediato. Los monstruos chillaron con un sonido agudo y estridente mientras el calor extremo las carbonizaba. Seraphina no detuvo el torrente de fuego, apretando los dientes con furia, hasta que las sombras fueron reducidas a absoluta nada, evaporadas junto con el agua estancada a su alrededor.

Apenas las llamas se apagaron, Seraphina corrió hacia el cuerpo sin vida de Aziel, cayendo de rodillas en el suelo húmedo.

La escena era grotesca. El corazón de Aziel estaba tirado en el suelo, a medio metro de su cuerpo destrozado, cubierto de suciedad y sangre.

Sin embargo, el Vigor de Camael no tardó en actuar. La luz sutil del sello brilló desde el interior de la herida abierta. Frente a los ojos atónitos de Elian, el corazón tirado en el suelo dio un latido. Ba-dump. Hilos de tejido muscular, arterias y venas brotaron tanto del pecho del chico como del órgano, conectándose como cables vivientes.

Con un sonido húmedo y macabro, el corazón fue arrastrado por la piedra, elevándose en el aire y encajando de nuevo en el agujero del pecho de Aziel. La carne se cerró de golpe, la piel se soldó, y la herida desapareció por completo.

Elian retrocedió un paso, bajando su espada lentamente. Sus ojos azules estaban abiertos de par en par. —Por el Creador… —susurró el chico rubio, completamente pálido—. Caleb no estaba bromeando. Realmente es un tanque inmortal.

Caleb, por su parte, estaba presenciando una muerte y resurrección de Aziel por primera vez. Lejos de estar horrorizado, el chico de los rizos tenía las manos apretadas en puños, temblando de pura y absoluta emoción.

—¡SÍ! ¡ESO ES LO QUE QUERÍA VER! —gritó Caleb, saltando en su lugar, con los ojos brillando como estrellas—. ¡Le arrancaron el corazón y se curó como si nada! ¡Ahora sí que estamos hablando! ¡Ese es el tanque perfecto para la redada final! ¡Somos invencibles!

¡CLAC!

El ambiente festivo de Caleb se congeló cuando sintió que la temperatura del túnel caía en picada.

Seraphina y Kira giraron la cabeza hacia él al mismo tiempo. Las dos chicas lo fulminaron con una mirada tan oscura, cargada de ira asesina y desprecio, que Caleb sintió que su alma abandonaba su cuerpo.

—Una palabra más, Caleb… y te juro por Raziel que te ahogo en esta agua podrida —siseó Kira con una voz que helaba la sangre. Caleb se tapó la boca con ambas manos al instante y asintió frenéticamente.

Ba-dump.

Aziel aspiró una gran bocanada de aire, abriendo los ojos de golpe. Tosió un poco de la sangre residual y se sentó lentamente, apoyando una mano en su pecho, que ahora estaba completamente intacto.

—Ah… eso dolió un poco —murmuró Aziel, frotándose la cabeza.

Antes de que pudiera orientarse por completo, Seraphina lo agarró por el cuello de la camisa rasgada, jalándolo hacia ella. La rubia tenía lágrimas de frustración acumuladas en los ojos, y su expresión era de puro enojo protector.

—¡¿Eres idiota?! ¡¿En qué estabas pensando al ir caminando como si estuviéramos de paseo?! —lo regañó Seraphina a gritos, sacudiéndolo—. ¡Presta más atención! ¡Me matas del susto cada vez que te destrozan frente a mis ojos!

Aziel, el inamovible portador de la Fuerza de Camael, se encogió de hombros, bajando la cabeza como un cachorro regañado. Su actitud estoica desapareció por completo ante la furia de su compañera.

—Lo siento… —respondió él con voz sumisa, mirando hacia abajo—. Tienes razón. Prometo que no me volveré a distraer.

Elian, aún procesando la resurrección, no pudo evitar sonreír un poco al ver la curiosa dinámica de autoridad. El monstruo inmortal que podía regenerar su propio corazón sin inmutarse, temblaba de miedo ante los regaños de la chica que curaba con fuego. Definitivamente, este escuadrón era único.

El grupo avanzó con mucha más cautela, manteniendo una formación cerrada. No pasó mucho tiempo antes de que las paredes de la alcantarilla volvieran a retorcerse.

Tres sombras humanoides más emergieron del techo, lanzándose como flechas negras hacia ellos.

Esta vez, Aziel no estaba distraído. El Vigor de Camael estalló en sus músculos. Dio un pisotón que agrietó la piedra, saltó hacia adelante y usó su propio cuerpo como un escudo inamovible, agarrando a dos de las sombras por el cuello y recibiendo el impacto de la tercera directamente en su pecho, bloqueándolas en su lugar.

—¡Ahora, Seraphina! —rugió Aziel, conteniéndolas a pura fuerza bruta.

—¡No te muevas!

¡¡FWOOOOSH!!

Una llamarada colosal, teñida de blanco y rojo vivo, salió disparada de las manos de Seraphina. El fuego envolvió por completo a las sombras y a Aziel al mismo tiempo. Las criaturas de oscuridad chillaron mientras eran reducidas a cenizas en cuestión de segundos, pero cuando la llamarada se disipó, Aziel seguía de pie en el mismo lugar, parpadeando, completamente intacto. Ni siquiera su ropa o su cabello estaban chamuscados.

Aziel se miró las manos, sorprendido. —Tu fuego… no me hace daño. Solo sentí un calor muy reconfortante.

Seraphina bajó las manos, mirando sus propias palmas con asombro. —Es verdad… Simplemente asumí en mi cabeza que mi fuego jamás te lastimaría a ti, y así fue. Es como si el fuego me obedeciera instintivamente para proteger lo que me importa.

Estaban a punto de comentar la increíble sinergia, cuando un quejido ahogado cortó la conversación.

¡ZZZZT!

Kira se desplomó hacia adelante. El mundo físico desapareció, reemplazado por la visión más perturbadora y caótica que su mente hubiera soportado jamás.

Vio a Lys. La chica estaba acorralada en una cueva oscura del alcantarillado. Su cabello cambiaba de color frenéticamente, como si su vasija estuviera colapsando: de rosado pastel a un negro opaco, luego a naranja fuego, después a azul marino, en un bucle enloquecedor. Lys golpeaba su propia cabeza contra las paredes de ladrillo con una fuerza brutal, abriéndose heridas de las que brotaba sangre negra. Su brazo seguía quemado y suplicante. Pero lo peor era su piel; se estaba desgarrando. Masas de sombras amorfas brotaban desde adentro de sus venas, intentando escapar de su cuerpo.

—¡No puedo controlar esto! —gritaba Lys en la visión, desgarrándose la garganta con lágrimas de sangre—. ¡Que alguien me salve, por favor! ¡Ayuda!

De pronto, en medio del caos de la visión, la voz etérea, solemne y gélida del Ángel Raziel resonó en la mente de Kira, con la claridad de una campana de cristal:

«Giren en la bifurcación de la derecha más adelante. Luego, a la izquierda por veinte metros».

Kira abrió los ojos de golpe, jadeando y a punto de caer al agua pútrida, pero Aziel y Elian la sostuvieron por los brazos a tiempo.

—¡Kira! ¡Respira! —pidió Caleb, asustado por la palidez de la chica.

—La vi… —balbuceó Kira, temblando mientras se ponía en pie—. Está perdiendo el control. Su propia magia la está consumiendo de adentro hacia afuera. El Ángel me dijo dónde está. ¡A la derecha en el próximo cruce, y luego veinte metros a la izquierda! ¡Rápido!

No perdieron un segundo. Guiados por la chica de bronce, el grupo echó a correr por los pasillos inundados. Durante diez agónicos minutos, las sombras intentaron frenarlos, brotando de las paredes y el agua. Aziel se lanzaba por delante recibiendo los impactos y abriendo paso a puñetazos limpios; Seraphina incineraba todo a sus costados; y Elian desataba vórtices de viento afilado que rebanaban a las criaturas que intentaban flanquearlos.

Finalmente, llegaron a la coordenada exacta. Era una antigua recámara de filtración de agua, amplia y abovedada.

Al entrar, la escena los petrificó.

Lys estaba arrodillada en el centro de una plataforma de piedra. El nivel de corrupción Qliphoth en su cuerpo era asqueroso e insoportable de mirar. De sus poros ya no salía sudor, sino un fango negro y corrosivo que derretía la piedra a su alrededor. Gusanos pálidos y gruesos, palpitantes y llenos de miasma, brotaban de las heridas de sus brazos. Pequeñas serpientes de sombra se retorcían bajo su piel, asomándose por su boca y sus cuencas cuando intentaba gritar. El lugar estaba inundado de criaturas de oscuridad, sombras deformes con rostros aullantes, todas convergiendo alrededor de la chica.

—¡Dios santo…! —murmuró Caleb, tapándose la boca con ganas de vomitar.

Kira intentó usar su poder telequinético, haciendo levitar pesados ladrillos de piedra y lanzándolos contra la marea de sombras, pero las rocas simplemente las atravesaban sin hacerles daño. El daño físico no funcionaba en los entes de miasma puro.

—¡Yo los retengo! —rugió Aziel, arrojándose al frente para atraer a la horda.

Elian saltó tras él. ¡Swoosh! El rubio creó un enorme tornado horizontal con su espada, arremolinando a decenas de sombras y manteniéndolas en el aire, mientras Seraphina lanzaba esferas de fuego que detonaban dentro del viento, incinerando la masa oscura en una tormenta de fuego y ceniza.

Aprovechando la apertura que los tres guerreros crearon, Kira tomó a Caleb del brazo y tiró de él.

—¡Caleb, haz algo! ¡La va a devorar su propia magia!

Caleb cerró los ojos. Por primera vez desde que llegó a ese mundo, dejó de quejarse. Sintió el flujo del agua pútrida a su alrededor, respondió a su vasija.

El chico de los rizos extendió ambas manos hacia el frente.

¡¡SPLASH!!

Miles de litros de agua estancada se elevaron del suelo, purificándose al instante en un torrente cristalino y brillante. El inmenso cañón de agua golpeó a Lys de lleno, no para herirla, sino para limpiarla. La presión del agua barrió con la sustancia corrosiva, arrancó los gusanos y ahogó a las serpientes de sombra que se retorcían en su piel, aislando a la chica del miasma que la rodeaba.

Kira aprovechó el momento exacto. Corrió hacia Lys, que estaba arrodillada y empapada, extendió su mano y la plantó firmemente sobre la frente febril de la antagonista.

—¡Muéstrame tu secreto! —ordenó Kira.

¡ZZZZT!

La mente de Kira fue succionada hacia el pasado de Lys.

Lo que vio le destrozó el corazón. No vio a un demonio; vio a una niña huérfana, delgada y asustada. A diferencia de ellos, que fueron apadrinados por los Jueces, Lys fue arrastrada a los rincones clandestinos de la Familia Qliphoth Tagaririm. La trataban peor que a un perro.

En la visión, Kira vio cómo los adultos la despreciaban, lanzándole huesos sobrantes de la comida al suelo para que comiera. Vio a los que llamaba "hermanos" de escuadrón pateándola y usándola como chivo expiatorio para sus rituales. Era su juguete roto.

La escena cambió vertiginosamente. Lys tenía catorce o quince años. Marchaba con su escuadrón en la noche. Vio cómo los mayores incendiaban las casas de familias inocentes por diversión. La joven Lys lloraba, cerrando los ojos porque no quería ver arder a la gente, pero la obligaban a mirar, moldeando su psique a golpes.

La visión avanzó hasta sus veinte años. La llegada a la Ciudad-Santuario. Su escuadrón la había empujado a cruzar los muros, pero apenas entró, la abandonaron. Peor aún, antes de huir, sus "hermanos" alteraron forzosamente su vasija espiritual, modificando sus habilidades para que dependiera exclusivamente de consumir los "deseos" más bajos de las personas para no morir de hambre mágica.

Al principio, Lys sufrió. Lloraba cada vez que tenía que alimentarse. Pero lentamente, el veneno del Qliphoth hizo efecto. La visión se volvió turbia. Kira sintió la envidia enfermiza de Lys hacia los estudiantes normales de la luz. Sintió cómo ese sufrimiento se transformó en un placer torcido al violar la voluntad de los hombres y someterlos a su lujuria, sintiéndose superior y poderosa por primera vez en su miserable vida. Luego, vino la ira. La matanza ciega.

Y finalmente, el momento de quiebre. El callejón. El fuego de Seraphina y la resurrección de Aziel.

La visión se inundó de un terror helado. Miedo. Un miedo tan absoluto a la inmortalidad de la luz que hizo colapsar su propia mente. Kira comprendió entonces qué eran las sombras de la alcantarilla: eran las manifestaciones de las víctimas que Lys había drenado, convertidas en monstruos por su propia culpa, persiguiéndola para arrastrarla al infierno.

Kira abrió los ojos de golpe, soltando un grito desgarrador de dolor empático.

El vínculo se rompió. Kira tropezó hacia atrás, sintiendo que las piernas le fallaban, pero Caleb la sostuvo firmemente por la cintura antes de que cayera al agua.

Kira respiró con dificultad, levantando la vista. La escena frente a ella había cambiado drásticamente.

Caleb tenía su mano derecha levantada y el rostro endurecido. Había manipulado el agua que usó para limpiar a Lys, moldeándola hasta formar una densa y perfecta esfera de agua cristalina alrededor de la cabeza de la chica de cabello rosado.

Lys estaba de rodillas, atrapada. El agua entraba por su nariz y su boca abierta. Estaba ahogándose. Agitaba las manos desesperadamente, golpeando la prisión acuática sin éxito, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de asfixia y pánico.

Caleb la miraba con una frialdad aterradora, listo para ejecutar a la antagonista que les había hecho la vida imposible.

—Caleb… —la voz de Kira fue un susurro roto, cargado de las lágrimas de una vida que no le pertenecía. Se agarró a la camisa del chico—. Déjala ir.

Caleb la miró, sorprendido. —Kira, es una asesina. Masacró a…

—¡He dicho que la dejes ir! —gritó Kira, con los ojos anaranjados brillando de compasión y dolor—. ¡Suéltala, Caleb!

Caleb dudó un segundo, pero al ver las lágrimas en el rostro de la chica de bronce, bajó la mano.

¡Sploosh!

La esfera de agua estalló. Lys cayó al suelo de piedra de cara, tosiendo violentamente y vomitando agua, aspirando el aire húmedo de las alcantarillas mientras su vida, por una vez, era perdonada por los hijos de la luz.

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